Dolor que interrumpe el sueño y no mejora con cambios de posición.
Debilidad repentina o progresiva que afecta las actividades diarias básicas.
Entumecimiento o alteraciones en la sensibilidad del brazo o la mano.
Dolor intenso después de una caída o golpe directo en el hombro.
Fiebre, pérdida de peso inexplicable o malestar general asociado.